Erase una vez, en un tiepo no muy lejano, un niño que siempre estaba sonriendo. Todo el dia, a todas horas ese niño reia y reia fuera cual fuera la situacion. Este hecho, lejos de pasar inadverido, creaba confusion en la gente, todo el mundo se decia, "nadie puede estar riendo todo el dia...", se le tachaba o bien de tonto, o en el mejor de los casos de afortunado. Y la verdad es que este niño era afortunado, no es que no tuviera problemas, no es que nunca estuviera de mal humor, no es que nunca se le torciera su vida, era que este niño, todo, absolutamente todo, lo afrontaba con una sonrisa.
Cuando a alguien le pasa algo malo, tarda un tiempo en salir de la situacion, mas o menos, pero le cuesta aferrarse a algo positivo, y el tiempo que tarda en aferrarse es el tiempo en que estara convaleciente. Nuestro niño era diferente a eso, su optimismo era tan puro, que no tardaba nada en aferrarse a algo positivo, mas bien se podria decir que descansaba sobre un colchon de plumas positivas. No entendia conceptos como autoflagelacion, o autopresion, que tan de moda estan ahora entre la gente de nuestro tiempo, pero sobre todas las cosas, lo que nuestro niño no era capad de comprender, era evidentemente, el pesimismo.............................